Jamás se irá de mi mente,
aquella mañana de abril de un día cualquiera,
tú con tus gafas negras y blusa roja ligera,
ganaste mi interés con aquella intrigante apariencia,
poco a poco esa sonrisa tímida emblema de tu ser,
ganó en confianza y en deseos de renacer,
Oh si renacer, renacer y florecer,
de aquella discordia que atormentaba el interior,
de aquella bella figura cargada de amor,
pero tú fuerte como ninguna,
superaste aquella infortuna,
grande coraza la tuya,
y que es envidia segura,
cubre un corazón lleno de ternura,
y si de tus actos se tratara,
injusto seria describirlos con pocas palabras,
no serán olvidadas las tertulias matutinas,
de aquellos primeros días,
inicio de una amistad pura y sacra,
y aunque días fríos y gélidos marcaron esta,
siempre siameses nos mantuvimos a los dilemas,
plegarias mías te dedico a ti venturoso señor,
por haberme permitido conocer tal corazón,
y a pesar que ahora la buenaventura nos separa,
queda firme el recuerdo de nuestra amistad bizarra,
Oh señor y puesto que es mi deber plegar a usted,
suplicas mías sean por usted bendecidas,
y que aquel camino que recorrerá aquella moza durante su existencia,
quede libre de toda indiferencia,
Oh si! mi lord, oh si! mi señor, por ello va mi reverencia.
By William Alexander Ramirez Ore